Con los ojos como globo
por la fiebre
el llanto
el cansancio
la desidia
veo flores marchitas de un romance
tu mano diciendo adiós
veo las cenizas
las ruinas
y las promesas de amor
irse por el tazón del inodoro
miércoles, 17 de agosto de 2011
jueves, 11 de agosto de 2011
oxido y herrumbre
Lupe viajaba en el micro por la autopista que une La Plata y Buenos Aires. Era cerca de las seis de la tarde. El ocaso era una serie confusa de rayos anaranjados flúor, fuertes, casi encendidos y nubes grises que ocultaban la tarde azul. En el respaldar del asiento sintió la molestia de algo que presionaba para salir desde el tapizado. Apenas se corrió para ver que era aquella molestia, pensando que seguramente se trataba de la pierna inquieta del ocupante de atrás, una bola sanguinolenta de de dientes afilados y pequeños tentáculos con garras en las puntas salio de dentro del tapizado y cayo en la cara de una morena cuarentona que estaba en el asiento de adelante. En pocos segundos aquella criatura vacío la cuenca de sus ojos, devoro la lengua y y extrajo de aquel cuerpo los fluidos para convertirlo en una pasa masticada. El hombre de al lado se trenzo en una feroz disputa con la criatura, perdió los dedos índice y pulgar de su mano derecha que se deslizaban por la ventanilla dejando su estela de sangre ennegrecida. Los demás contemplaban atónitos. Los rayos anaranjados se transformaron en fuego y Quilmes comenzó a arder a lo lejos. La luna se apoderaba de la melena rubia del sol y un frío congelante paralizo los autos.
Orson Welles humedecía su cigarro en la mojada vagina de una rubia aspirante a estrella.
El amor se disolvía como el ácido penetrando el acero dejando oxido y herrumbre. Una estela de odio se apodero de la noche.
Lupe se entrego a aquella criatura como un amante enloquecido.
Orson Welles humedecía su cigarro en la mojada vagina de una rubia aspirante a estrella.
El amor se disolvía como el ácido penetrando el acero dejando oxido y herrumbre. Una estela de odio se apodero de la noche.
Lupe se entrego a aquella criatura como un amante enloquecido.
lunes, 1 de agosto de 2011
cuando amanezca
Cuando amanezca
deseo poder dormir
sabiendo que estas ahí
(también espero
que funcione el sexo
después de la ultima raya
de cocaína)
y que el calor de tu cuerpo
me haga
más llevadero
este duro invierno
(soñar juntos una guerra civil
que nos libere de las penas).
deseo poder dormir
sabiendo que estas ahí
(también espero
que funcione el sexo
después de la ultima raya
de cocaína)
y que el calor de tu cuerpo
me haga
más llevadero
este duro invierno
(soñar juntos una guerra civil
que nos libere de las penas).
martes, 19 de julio de 2011
discrepancias sobre una fellatio
La muy puta se aferraba a mi garcha como si fuera el ultimo lugar donde una persona se sostiene para no caer al precipicio. La tragaba, la escupía, la mordía, la sacudía con furia y locura. Y mi garcha dura e hinchada después del primer pase de merca no quería largar su moco, no quería bendecir ese maltrato que sufría acabando en su cara o sus tetas ni podía mearla en revancha por aquellos sacudones violentos. Mi garcha hinchada, dura y morada de los arrebatos de una loca y el flash back de cocaína.
El muy puto me la metía por la boca como si estuviera penetrandome hasta el fondo, provocandome arcadas. Como si en mi boca en vez de dientes y encías hubiera un clítoris y un ducto urinario que diera placer. Yo lo pajeaba con buen ritmo, sintiendo esa brasa ardiendo en mi mano y en mi boca, en los espasmos de vomito, en los sacudones rabiosos que me ahogaban y me hacían sentir una actriz de pornografía amateur. Pero estaba dura, mi novio se había ido un poco más adelante y yo necesitaba si o si sentir la adrenalina del sexo, mi conchita peluda, ardiente y mojada, como un conejito en el caldo.
En el espejo
los maniquíes
reflejan carne y ojos
y órganos
amor y odio
una mueca de fastidio
La muy puta se fue dejándome al palo. El muy puto se quedo sin eyacular.
Ya no queda cocaína
pero la noche
esta bañada de estrellas
y estremecida
por una jugosa luna llena.
El muy puto me la metía por la boca como si estuviera penetrandome hasta el fondo, provocandome arcadas. Como si en mi boca en vez de dientes y encías hubiera un clítoris y un ducto urinario que diera placer. Yo lo pajeaba con buen ritmo, sintiendo esa brasa ardiendo en mi mano y en mi boca, en los espasmos de vomito, en los sacudones rabiosos que me ahogaban y me hacían sentir una actriz de pornografía amateur. Pero estaba dura, mi novio se había ido un poco más adelante y yo necesitaba si o si sentir la adrenalina del sexo, mi conchita peluda, ardiente y mojada, como un conejito en el caldo.
En el espejo
los maniquíes
reflejan carne y ojos
y órganos
amor y odio
una mueca de fastidio
La muy puta se fue dejándome al palo. El muy puto se quedo sin eyacular.
Ya no queda cocaína
pero la noche
esta bañada de estrellas
y estremecida
por una jugosa luna llena.
domingo, 17 de julio de 2011
el general invierno
La carne, el hueso, los fluidos, las venas y los cartílagos, articulaciones y vasos.
Y un moco que te sale de la pija o de la concha.
Pedos, comidas, excesos.
Vidrios rotos a las tres de la mañana,
resacas y malos romances.
Baudellaire, Rimbaud, Withman y William Faulkner
Cervezas y cervezas y más cervezas
y drogas duras
entre heladas y tempestades
pequeña
diminuta
bella
como una carga de caballería de pancho villa
o isadora dunkan bailando desnuda el himno nacional
una larva de primavera floreciendo
en invierno
(el general invierno que venció a Napoleón
y al ejercito panzer de stalingrado)
sudor que corre por el cuello
adrenalina
miedo y angustia
soledad
abandono
opresión
hospitales
muerte
un brote de amor y odio
y un buitre
como recuerdo
Y un moco que te sale de la pija o de la concha.
Pedos, comidas, excesos.
Vidrios rotos a las tres de la mañana,
resacas y malos romances.
Baudellaire, Rimbaud, Withman y William Faulkner
Cervezas y cervezas y más cervezas
y drogas duras
entre heladas y tempestades
pequeña
diminuta
bella
como una carga de caballería de pancho villa
o isadora dunkan bailando desnuda el himno nacional
una larva de primavera floreciendo
en invierno
(el general invierno que venció a Napoleón
y al ejercito panzer de stalingrado)
sudor que corre por el cuello
adrenalina
miedo y angustia
soledad
abandono
opresión
hospitales
muerte
un brote de amor y odio
y un buitre
como recuerdo
lunes, 11 de julio de 2011
la guerra del amor
Las sabanas revueltas. Sobre ellas un espejo, almohadas, ropa sucia, libros (Walter Benjamin decía que los libros y las prostitutas podían llevarse a la cama), el olor atrapado de la mierda, el semen y el sudor. Al costado un mate frío, un frasco con marihuana, tazas, las toallas y las paredes blancas cambiando de color ( la opresión brota de las sombras para dar lugar a los actos de la locura). No hay signos de la batalla y el silencio solo es interrumpido por los autos en la avenida. No hay rastros del dolor ni la angustia. Solo el observador comprometido con la escena comprende que aquel cuarto se asemeja a los de los ejércitos despedazados en un campo de batalla por los obuses y las esquirlas de la metralla. Un zapato viejo reclama su inocencia.
Todo es derrota en la guerra del amor.
Todo es derrota en la guerra del amor.
viernes, 8 de julio de 2011
ojos ciegos bien abiertos
Los ojos negros miraban fijo en el techo. Buscaban algo, una mancha, una sombra, una mosca, un cadáver, una escapatoria, un amor, una solución al hambre del mundo, la luna y las estrellas. Los ojos negros tienen fuego. Una pequeña boca carnosa los enjuaga con la lengua. Chispazos de piel blanca y sudor. Los ojos negros contemplan un pequeño infierno donde perecen las vanidades y las fantasías.
En el corazón de la historia, entre la figura sangrante de la guillotina con la cabeza de Luis XVI y María Antonieta cayendo al cesto y las hordas del Ku Kux Klan apaleando a un negro en Missisipi, alardea la felicidad de reinar en las esperanzas.
Los ojos negros se fascinan con la violencia y el orgasmo.
Son ojos ciegos bien abiertos.
En el corazón de la historia, entre la figura sangrante de la guillotina con la cabeza de Luis XVI y María Antonieta cayendo al cesto y las hordas del Ku Kux Klan apaleando a un negro en Missisipi, alardea la felicidad de reinar en las esperanzas.
Los ojos negros se fascinan con la violencia y el orgasmo.
Son ojos ciegos bien abiertos.
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