sábado, 28 de febrero de 2009

Los dos hermanos


Dardo y Vicente estaban mirando TV, en el living del departamento de Dardo. Era primavera y hacia calor, por lo que estaban sin sus remeras, tirados sobre un colchón, mientras tomaban cerveza y fumaban marihuana. Dardo llevaba puesto unos bermudas amplios. Sus piernas eran fibrosas. Como quien no quiere la cosa, Vicente metió su mano por debajo de los bermudas y empezó a tocar la pija de Dardo. Enseguida se endureció, era una verga larga y delgada, Vicente la masturbaba lentamente y Dardo acompañaba con la cadencia de su cadera. Se desabrocho la bermuda y la pija salto hacia fuera como un resorte. Vicente comenzó a chuparla y a lamerle indistintamente los huevos. Dardo gemía y acariciaba la cabeza su acompañante. Vicente ascendió con su lengua hacia la pelvis del amigo, el vientre lampiño y los pezones endurecidos, los mordisqueo. Siguió por el cuello hasta la boca, se confundieron en un largo beso de lengua. Vicente llevaba jeans. Mientras se besaban, Dardo se lo desabrocho y salto de adentro una verga gruesa y dura. Se masturbaron mutuamente. Ahora era Dardo quien chupaba el sexo de Vicente, lo tragaba entero y salía, lo lamía. Ayudo a su amigo a sacarse los jeans. Vicente se acostó boca arriba y Dardo escupió sobre su pija, Vicente agrego más saliva, Dardo se lleno a su vez su propia mano de saliva y lubrico el agujero del ano. Se sentó despacio en la verga dura de Vicente, comenzó a cabalgar primero lentamente y después más aceleradamente. Su pija larga rebotaba en el vientre de Vicente, que se excitaba ante aquella visión. Lo masturbaba mientras lo penetraba, al cabo de un rato, un calido y potente chorro de semen se descargo sobre el pecho de Vicente mientras Dardo gemía. Había acabado. Volvieron a besarse. Dardo se acostó boca abajo y Vicente besaba su nuca. Lo penetro. Dardo comenzó a gritar su gozo. De golpe se abrió la puerta del departamento, pero ellos no se dieron cuenta. Era Marina, la hermana de Dardo. Se quedo dura contemplando la escena. Vicente se separo de Dardo y ambos la miraron. Pidió perdón y se dirigió al cuarto. Vicente volvió a penetrar a Dardo. Al cabo de un par de minutos irrumpió Marina y les dijo ¿Cómo pueden estar haciendo esto?. Dardo se levanto y se dirigió desnudo al cuarto insultando a su hermana. –Porque carajo te metes, déjanos en paz. Ella lo siguió, se peleaban. Vicente quedo en el colchón sentado, con su espalda contra la pared, con una erección tremenda. Se masturbaba. Marina vuelve al living. Se sienta en una silla al lado de la mesa, frente al colchón. Le pidió disculpas a Vicente y comenzó a hablarle de cualquier cosa. Él seguía caliente y continuaba con su paja. Ella llevaba una minifalda muy corta y una remerita transparentada que dejaba ver sus pezones negros y endurecidos. Tenia buenas piernas, cuando se descruzo Vicente se dio cuenta que no llevaba bombacha. Se veían los labios de su vagina y una pelvis peluda. Vicente se masturbaba, ella le hablaba y lo observaba, de a poco fue llevando sus dedos al clítoris. Vicente se levanto como hipnotizado, no sabia como ni porque, se acerco a la silla con la pija parada, se la acerco a la boca, ella la empezó a chupar. Dardo volvió del cuarto, seguía desnudo. Los vio.
-Puta, me queres cagar la historia. Se puso al lado de ellos y la hermana sin pensarlo le empezó a chupar la pija alternativamente a Dardo y a Vicente. Ellos se besaban. Vicente se puso en cuatro y le lamió la concha a marina, Dardo lo penetro con violencia. Marina y Dardo acabaron en la boca y el culo de Vicente. Vicente se incorporo y se masturbó hasta acabar sobre las caras de ambos hermanos. Ellos se limpiaron el semen a lengüetazos, mientras se decían te amo mutuamente. Vicente se volvió a poner la ropa, Dardo se acostó en el cuarto y la hermana bajo a abrirle a Vicente. En la puerta de calle le dijo. –El es mío, no me lo vas a quitar. Vicente la miro con sorpresa y curiosidad. Sintió el golpe de la puerta al cerrar.
Fue hasta la parada del 60 y en un kiosco paro a comprar cerveza. Era entrada la madrugada. Su cabeza trataba de procesar lo sucedido. Las extrañas formas del goce. La locura enfermiza de la familia y el amor. Subió al colectivo. Tenía un largo viaje hasta Congreso. En su casa lo esperaba su compañera y su pequeña hija. Había sido una noche larga, extraña y extraordinaria. Seguramente la recordaría.

El Libro de Alejandro (Lidia Fernandez)


Yo te leia como un libro
y cada palabra era como
una antigua ciudad que se descubre bajo la arena,
las columnas de Acropolis
y el sueño de victoria de Alejandro,
yo te leia como un libro
sagrado
cada mañana
en pasillos crepusculares
buscando la inmortalidad guardada bajo
siete cerrojos,
jugando a las escondidas
tras las velas del navio de Ulises.
Tu cabeza se hundia en espadas ensangrentadas
que rompian sortilegios,
te leia como un mosaico de verdades reveladas
por prodigio de mis propios encantamientos
y las pequeñas cosas familiares.
Pero las babas luminosas del tiempo
hicieron su trabajo,
y este exilio se transformo en morada permanente
y en las ventanas de los suburbios
trasnocharon los hombres
su depojado corazon de estaño.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Marilu


Ella llego a mi casa con un vestido de colores.
Yo la invite con una cerveza fría.
Le dije
–no te sientas incomoda, no muerdo.
Ella me contesto
-es que yo quiero que muerdas.

El vestido desapareció
y a cambio, sobre su piel morena,
un delicioso tatuaje de mariposas
que moría en su pelvis afeitada,
un piercieng brillante en el ombligo,
su conchita mojada
y su boca sedienta de besos y saliva.

El tiempo voló,
llego de día y se fue entrada la noche.
No recuerdo ni el color de su vestido
ni el de su bombacha.
Lo único que recordaba era la constelación de mariposas
Una luna llena y gigante me sonreía.

Cuando nos despedimos
la acompañe a la parada del colectivo
y me subí a otro
en busca de algo con que intoxicarme
para brindar por esa noche.

lunes, 23 de febrero de 2009

Tarde de perros (Lidia Fernandez)

el vacio es el principio,
el vector de los vientos,
la madera con la que fueron hechas las palabras
en este invierno,
el lento carrusel de los sueños y la boca que embriaga
hasta el suplicio,
pero esa boca estaba mas cerca de las bestias
que de los heroes,
si fuiste el Señor de las Batallas,
no has dejado nada en pie sobre mis calles,
ni el vino volcanico sobre mi cabeza rapada,
el vacio es el principio
donde se amarran todos los vientos,
tu tempestad no me asusta
pero le temo a esa boca que esta mas cerca
de las bestias que de los heroes,
ya no sere yo quien te escriba sobre los ultimos
deshielos del invierno,
hare una gran fogata con las musas
pobres,
tristes,
maderas con las que fueron hechas
las palabras
en esta tarde de perros.

domingo, 22 de febrero de 2009

La resaca de los tiempos


La frente suda y el estomago arde sobrellevando la resaca que atraviesa los tiempos. Solo me quedan palabras que se derraman: como el vino sobre el mantel blanco, dejando una marca roja e indescifrable, del mismo color de la sangre en los campos de batalla y los quirófanos. Como el semen sobre el vientre desnudo de la maja desnuda
del viejo Goya, que contempla los monstruos de los sueños de la razón. Bebiendo ron para que no sea posible el olvido. Como la cocaína en el espejo que hace latir a ritmo acelerado el corazón enamorado de Sigmund Freud. Como las mentiras del traidor y las parejas.
Anoche en cambio reía a carcajadas limpias mientras cantaba viejas canciones bajo la lluvia.
¡Singing in the rain! Singing in the rain!
Y hoy solo queda la lluvia y el gesto amargo de la tarde gris y el llanto del niño por la teta de la madre y una diarrea incontinente de palabras que salen de las entrañas, el corazón, retoman imágenes que invaden prepotentes la cabeza extasiada. Las calles rugientes por la furia de las multitudes. Las camas hambrientas del jugo de los sexos y las oscuras sombras de los sueños. Una pequeña anatomía de la ebriedad. Las mejillas sonrojadas de la bella Gigi que ríe, escrutando el mundo con ojos de neorrealismo italiano y escotes a lo Sofía Loren. La sed de mal de mis queridas amigas, amantes secretas de Breton y de Man Ray reinventando el mundo con pulsión surrealista. El paso bamboleante del marido feliz.
¡Singing in the rain! ¡Singing in the rain!
Y nuevamente hoy tan solo el dolor de cabeza y la angustia de las ultimas monedas y el ladrido lejano de los perros. Lejanos como la historia que bebe de la sangre joven de los cuerpos despedazados por la metralla y se alimenta de su carne y se pinta la cara, la vieja puta y decrepita de la historia, para ser amante de héroes de a caballo y espadas en la mano y de tiranos y navegantes que surcan los mares para conquistar el Dorado.
Y hoy estas paredes blancas y la siesta echado en el piso polvoriento y la ciudad, que ayer era mía, callada y la resaca de los tiempos haciendo su tarea.

viernes, 20 de febrero de 2009

La tiza


Mediodía. Lupe atiende el celular. Llamada de Horacio.
-Lupe tengo que verte urgente, voy para tu casa.
-¿Pasa algo?.
-No puedo hablar por teléfono. Voy para allá.
-Apura mira que tengo que ir a trabajar. Horacio era además de amigo, compañero de trabajo.
-Ya salgo.
Pasaron unos veinte minutos tiempo en que Lupe aprovecho para comer un sándwich de jamón y queso y cagar lentamente. Suena el timbre. Lupe baja a abrir. Estaba solo en la casa ni el profesor ni la morocha, que vivían con él, se encontraban. La cara de Horacio lo delataba.
-Como andas. ¿Estas repuesto no? Le pregunto Lupe.
-Subamos ya que te cuento.
Tomaron el ascensor hasta el cuarto piso y una vez dentro del departamento Horacio le pidió a Lupe que hablaran en el balcón. Era una fresca jornada de invierno. Una vez en el balcón Lupe pregunto -¿Qué te pasa?.
-Estoy reparanoico. Me parece que me persiguen. Creo que hay micrófonos por todas partes.
-¿Cómo? Para un poco Horacio estuviste tomando demasiado.
-No, escúchame. Ayer por la tarde estaba en el Parque Centenario con Luís quemando unos porros y de repente un flaco de traje se acerco y nos pidió que le convidáramos. Hablando nos dijo que el tenia una línea de faso y merca a buen precio en la villa de Barracas.
-Y que pasó.
- Fui con el tipo este y me metí a comprar un lote de medio kilo de faso y una tiza de 20 gramos. Yo le dije al flaco que el llevara eso encima por si nos paraban. El me dijo que no había drama. Pero en la entrada de la villa cuando salíamos nos para un operativo.
-Y como pudiste zafar.
- Para que te cuento. El asunto es que al falco le encuentran el faso y las tizas y a mi nada. Me interrogan y yo digo que estaba ahí de casualidad. Me provocan, me dicen que soy un cagón y que estoy dejando en banda a mi amigo. Yo me hago el soberano boludo.
-Mucho no te cuesta, bromea Lupe logrando arrancar una leve sonrisa del rostro endurecido de Horacio.
- El asunto es que al flaco se lo llevan en el patrullero y yo me voy. Pero tan enroscado en lo que había pasado que decido entrar de vuelta a la villa y comprar otra tiza.
-¿Estas loco? Lo reta Lupe. Estaba todo re marcado.
- Sí no lo pensé. El asunto es que vuelvo y compra la tiza de 20 por 120 pesos una ganga. Y para sacarla la envuelvo en un preservativo y me la meto en el culo.
- Y que paso. Apura Lupe la conversación.
-Nada. Cuando salgo a las dos o tres cuadras veo que el flaco de traje estaba hablando con los polis que nos manotearon. ¡El tipo llevaba gente a la villa para que los polis los desplumen! Te das cuenta. Creo que me persiguen.
-Me parece que estas paranoico y que hiciste una estupidez. Te arriesgaste al pedo.
- Lo sé.
-Ya tomaste ¿no?.
-Sí pero tengo un montón.
-¿La trajiste acá?.
-Sí. Contesto Horacio. Y metiéndose la mano el culo saco una tiza envuelta en un profiláctico, un poco más gruesa y grande que una barra de azufre.
-Lupe la miro y le dijo a Horacio –Bueno ya que esta, tomemos y vayamos a trabajar.
Horacio busco el ladrillo vidriado que Lupe usaba para peinar líneas y con un cuchillo serrucho que Lupe trajo de la cocina fue raspando de a poco, luego con una tarjeta aplasto las piedras y con el filo de la tarjeta peino dos largas y anchas líneas de cocaína, que ocupaban casi el largo del ladrillo. Estaban encerrados en el cuarto de la morocha.
-Esto nos va a hacer mal me parece.
Primero narigueteo Horacio. Un poco de cada lado en varias veces. Lupe tomo todo de un lado y sintió como la cocaína le subía a la cabeza. Estallaba.
El humor de Horacio cambio de inmediato. Cuando sintieron que una llave abría la puerta de calle. Los corazones se aceleraron tanto que parecian salir del pecho y la paranoia invadía a los dos Lupe y Horacio. Lupe se asomo por la puerta de la habitación. Era el profesor. Respiraron aliviados.
-Se acabo la calma, comento Lupe. Horacio peino otras rayas gigantes y dijo tomemos esto y vayamos a trabajar, no soporto a este tipo.
-Yo tampoco, contesto Lupe.
Tomaron cada uno su raya. Esta vez Lupe cambio de orificio y se sorprendió a si mismo por la cantidad de cocaína que era capaz de inhalar de un solo tiro.
Dejaron la cocaína en una caja de cigarros de Lupe y salieron rumbo al trabajo. Apenas saludaron al profesor que con su cara de persona que poco tiene que ofrecer al mundo los miro inquisitoriamente.
Obviamente el trabajo y el viaje hasta el trabajo fue una autentica tortura. Lupe sudaba a mares y sentía la vista de su jefe clavada en la nuca. Horacio no podía articular palabra. Ambos comprendían que había sido un error ir a trabajar. Por suerte el jefe se retiro temprano y ambos decidieron salir antes a buscar la tiza.
Llegaron a la casa de Lupe que estaba desocupada, peinaron unas rayas y Horacio llamó a la Tana, una preciosa rubia amiga de ambos.
-La Tana dice que vayamos a su casa tiene un JB.
-Dale salgamos. Asintió Lupe.
Antes de salir Horacio repitió el ritual de meterse la tiza por el culo envuelto en un preservativo.
La noche en lo de la Tana fue tranquila y amena. Se sentian seguros y estaban bien acompañados. El día siguiente en el trabajo fue una seguidilla de narigueteadas, conversaciones entrecortadas, raptos paranoicos y escupitajos blancos, sin dormir y alcoholizados.
Lo que comenzó un viernes al mediodía término un domingo a la noche. El animo de Horacio y Lupe era el de dos piltrafas. Había llegado el momento de la resaca y solo quedaba la última línea. Se sentían egoístas y miserables.
–Me siento mal, mi vida no tiene sentido. No puede ser que solo me preocupe esto y que nada más me importe. Sollozaba Horacio.
-No te enrosques, no podemos ceder frente a esta mierda, nunca más vamos a tomar, comprometámonos. Contesto Lupe. –Necesitamos dormir para aclarar las cosas.
- Si. Dijo Horacio.
Se despidieron.
Lupe contó lo que quedaba de su dinero. Calculo. Tomo un colectivo hasta su casa pero cuando el transporte llego a su parada siguió un par de cuadras más hasta un pool. Pensó en tomar un trago antes de ir a dormir. En el pool encaro al baño. Meo. Se le acerco un moreno. Lupe lo conocía, se llamaba Héctor.
-Cuanto queres, pregunto Héctor.
-Dame dos, dijo Lupe.
Ambos papeles los termino allí mismo en el baño. Un nariguetazo largo por orificio. Se sorprendió de su capacidad para tomar cocaína. Pidió una cerveza fría.
Mañana voy a dejar, pensó Lupe, mientras miraba por la ventana la noche fría.

miércoles, 18 de febrero de 2009

lunes por la tarde (Lidia Fernandez)



La tarde del lunes se me cae por el borde de la mesa,
heraldos cabalgan bajo el polvo actual de las calles,
cual infierno abrio su puerta en este dia?

Pero mas aca hay una ventana reseca que rechina,
alguien pasara cantando sin duda
y otra vez el viento demolera mis costillas,

muerdo la tarde el lunes,
de añoranzas, de amares contrasentidos,
hacia un lado y el otro, tironeados
amores como aguijones
que solo son capaces de abrir vaya a saber
que puerta pequeña del Infierno.