martes, 31 de marzo de 2009

Vacio


Esta noche deseo un par de gramos de cocaína
Una botella de JB
Una mujer y una travestí teniendo sexo
Frente a mí
Una luz baja
En el cuarto silencioso
Unos rivotril para poder dormir.

No consegui nada de eso.
El dealer no me atiende.
Me cerró el supermercado.
La mujer me dejo por otro
La travestí solo tiene sexo con mujeres
Y el rivotril se termino.

Siento un vacío en mi existencia.
Enciendo la tele para llenarlo.
Pobre de mí.

lunes, 30 de marzo de 2009

El general Francisco Villa, los helados de fresa y las soldaderas


El general Francisco Villa tiene la costumbre de comer helados de fresa, no beber alcohol y amar a muchas mujeres. Son innumerables las mujeres que ha desposado Villa. Campesinas todas, como campesino es todo su ejército, la División del Norte que marcha a la batalla con las soldaderas, las mujeres de los milicianos y combatientes villistas. La mayoría son de Chihuahua y Sonora, vaqueros, hombres y mujeres de armas llevar que supieron combatir a los indios sioux y la oligarquía de los Terrazas. Ellos luchan por la tierra y la libertad.

Los soldados del general Villa son los mejores y más audaces jinetes de México, él mismo es un jinete extraordinario. Las cargas de caballería villistas son famosas y letales. Sino pregúntenle al manco Álvaro Obregón, que perdió el brazo y fue derrotado por las tropas villistas. El manco Obregón, que se salvo de ser fusilado porque el general Villa se arrepintió de su orden y lo libero, para volver a ordenar que lo fusilaran cuando ya Obregón había logrado huir. Otro hombre duro el manco Obregón, que luego sabrá derrotar a Villa, y al Centauro Zapata, apoyado por la burguesía y los arribistas de las fuerzas constitucionalistas e imitando la guerra que se hace en Europa, con nidos de ametralladoras y trincheras. Astuto el manco Obregón que supo ganarse a los anarcosindicalistas del magonismo con la jornada de 8 horas y legalizando la Casa del Obrero Mundial.
Seguramente a Villa le dio un ataque de cólera cuando se dio cuenta que Obregón se le había ido de las manos. Habrá maldecido, hijo de una chingada, y nadie se acerco por miedo a terminar con un tiro en el pecho. Porque el general no se mide. Una vez, durante una discusión el cónsul ingles levanto la voz frente a Villa. Cuando los de la habitación contigua oyeron el tiro y corrieron para ver pasaba, se encontraron con el cónsul ingles derrumbado en su silla y al general Villa con su revolver humeante en la mano.
Las tropas de Villa combaten de día, para poder ser filmados por los estudios norteamericanos interesados en retratar la épica revolución de a caballo en su patio trasero. El periodista John Reed ve en la milicia villista –y trata de convencer a sus desconfiados camaradas de las IWW- la fuerza combatiente de una revolución social. Reed esta sorprendido allí donde la División del Norte triunfa, se reparte el dinero expropiado entre las viudas, la tierra entre los campesinos y Villa firma su propio dinero. Villa utiliza las vías ferroviarias y los trenes como trazado de sus movimientos militares, duerme todas las noches en un pueblo distinto y con una amada distinta, todas esposas del general, porque en las noches donde no hay batalla, cuando la tropa descansa, Villa toma helados, los milicianos tequilas y las soldaderas preparan sus enchiladas y tortillas y danzan con sus hombres, antes de hacer el amor bajo la luna de Chihuahua.

Sangre, sudor y semen

"No utilices el teléfono La gente jamás está dispuesta a responder, Utiliza la poesía". (Jack Kerouac)

El gran Vinicius de Moraes se quejaba contra una poesía que evitaba mancharse de sangre, sudor y semen. Pienso en ello mientras contemplo el horizonte de una ciudad con mar, sus casas bajas, el bosque que la circunda, el puerto a lo lejos y mucho más lejos, el mar. No me cansare de repetirlo, mar moco verde en palabras de James Joyce. Estoy en un 5º piso, asomado a una ventana de cerramiento. La vista es un descanso para quienes estamos en este lugar. La mañana es gris y lluviosa. Lluvia de otoño sobre el mar. Gris como las paredes de cerámicos de este pasillo de Sanatorio.
Vuelvo a la habitación 509. En la primera cama de una habitación con dos camas, descansa mi madre de su operación de rodillas complicada por una infección. Mi madre avejentada y asustada, mi madre como una niña que se niega a todo, mi madre rendida en pañales temiendo cada noche la visita de sus pesadillas. Hasta ayer la veía entregada, hoy esta de mejor humor y lucida, unas lagrimas y ciertos raptos de llanto acompañan su estado de animo. Le acaricio la frente y las arrugas del rostro. Son como los aros de un viejo árbol. Son arrugas de historias plegadas de amantes, amores y combates.
Hablo con ella. Me recuerda que fue una muchacha peronista de la primera hora, a la edad de 7 años, desde el mismo 17 de octubre de 1945, aquel día de sol pleno y calor tan distinto a este de hoy gris y frió, pero sobretodo porque ese día el pueblo gano la calle y copó la Plaza de Mayo en la ciudad de la oligarquía y los copetudos. De la mano del abuelo Luís, burrero, inventor y comunista y de su amigo Chenzo, mi madre fue una muchacha peronista que con los descamisados liberaron a Perón.
Me recuerda que enfrento a los 17 años los bombardeos de la aviación naval contra los obreros en la Plaza de Mayo. De los obreros cayendo como moscas de los camiones de basura que rescataban para defender a Perón. La revancha de los gorilas, dice con desprecio, sabes me cuenta, pintaban ¡Viva el cáncer! Cuando Evita estaba moribunda. Y una lagrima le recuerda que esta en un sanatorio, igual de débil y expuesta que una moribunda, pensando quizás en Evita vestida de seda, haciendo gala de orgullo plebeyo.
Y hablamos, revisa su historia, de cuando en el ’55, después del golpe, con los panfletos escondidos en su uniforme de escolar, lanzaba panfletos que terminaban al grito de ¡Viva Perón!, por las escaleras circulares del departamento central de policía. De cómo marchaba con los laicos contra los libres tiempo después, y de las trifulcas terminaba cubierta de huevazos y moretones..
Rememora la vieja con alegria sus años en la “gloriosa jotapé”, así la llama, cuando nos llevo a la Plaza de Mayo donde Perón los echo al grito de “imberbes y estupidos” y ella nos llevaba a mi hermana y a mi, dos pequeñas criaturas, de la mano, y corría para protegernos de la lluvia de palos y piedras que hicieron que el cielo se pusiera negro, en aquel mes de mayo. De cuando conoció a Santucho, en una reunión que se hizo en unos monoblocks de Avellaneda. Se anima, -que lindo aquello hijo. Que lindos años que viví.
No le discuto, la escucho (debo decir que a ella nunca le gusto que yo fuera trotskista y critico del peronismo por defender los intereses de la burguesía argentina y no de los trabajadores, como ella cree, pero hoy que me importa, quiero ver su sonrisa, quiero verla animada, quiero verla con ganas de seguir, su tiempo sigue siendo ahora, quiero convencerla). Llega la enfermera a cambiarla. La combatiente deja lugar a la vieja-niña del presente. Me retiro. Cuando terminan de cambiarla, le llevan el almuerzo. Subo su cama y le doy de comer en la boca. Quiere dormir, no me animo a retomar la conversación, preguntarle por sus amantes, siento pudor de hijo. Extraño en mí. Me despido con un beso y un –te quiero mamá, se fuerte, te necesito.
Hace 14 días que estoy en esta ciudad de un mar moco verde, de la que me fui hace 20 años, sin poder siquiera haber tenido tiempo de caminar junto al mar, más que un par de veces. ¿Qué hago? Pienso que toda historia, que esta historia, esta teñida de sangre, sudor y semen. Que merece una prosa que la relate, una lengua que la nombre. Un lugar en la memoria del presente. Utilizo entonces la poesía.

Cielito lindo


Frida era bigotuda
y Rivera gordo.
Ambos pintaban la pasión
con unos colores dignos
de México bonito

-como dice el refrán,
Pobrecito
tan lejos de Dios
tan cerca de los EEUU-.

Diego pinto en el Rockefeller Center
manchas de sífilis,
a Lenin, a Trostsky.
Frida fue amante de Trosky
Y él amante de tantas
Que no vale la pena contar.

Ambos eran comunistas
y de armas llevar.
Frida amaba a Diego
y Diego a Frida,
el gordo y la bigotuda.
Los que pintaban la pasión
Con el color de una mañanita,
cielito lindo
que a mi me toca.

Mueve y sacude


Mueve y sacude,
Mueve y sacude,
Mueve y sacude.
¿Es el culo en acción
o una salsa?
Una disyuntiva dejada
a la libre interpretación
del musico
o del pervertido.

domingo, 29 de marzo de 2009

Tantas noches


Tantas noches llevo ya perdidas o vividas de otra manera.
Tanto dolor que aun no puedo apagar.
El rictus del mundo visto desde el prisma de un rivotril,
para bajar dos días de alcohol y cocaína.
Y el grito ahogado que oprime mi pecho
que me empuja a buscar otro trago y otro pase
para ver si esta noche la suerte cambia.

Tantas noches de paranoia, escondiéndome de las miradas
y los pasos frenéticos que me persiguen.
Tantas noches filosofando desde la lucidez suicida
del sniffe y la botella vacía.

Entonces el grito ahogado que oprime mi pecho
Me conduce a buscar en un instante de sexo comprado
algún resto del amor que se ha ido.

Tantas veces me jure ponerle fin
a este viaje intenso por montañas de locura,
donde habitan los cadáveres ocultos en el corazón
de lo que fue nuestra historia.

Fantasmas tiranos que pugnan por salir a la luz.
Los besos robados de la juventud.
Las corridas y marchas por el gobierno de la calle.

Y cada vez que lo digo, otro pase y otro trago
me colocan en el punto justo de la lucidez,
donde la pasión por la destrucción
que exaltaba el buen Bakunin,
se vuelve la pasión más constructiva

sábado, 28 de marzo de 2009

Mar moco verde


La fascinación que ejerce el mar sobre quien lo contempla esta fuera de toda duda. El viejo Joyce describía a las costas irlandesas como ese mar moco verde que golpeteaba contra las rocas, testigo de la sangre y los cuerpos enterrados en las tierras devastadas por los Orange. Es en un océano bravío donde el ballenero del capitan Ahab que imagino Melville va en busca de su recompensa, una enorme ballena blanca que agita sus pesadillas. Es en el mar donde el viejo pescador de papá Hemingway lucha tozudamente contra el oleaje y las barracudas por llevar a costa su preciosa pesca. Mar que ha forjado la tierra, mar escenario de grandes batallas y aventuras como las de Ulises, mar como fondo del romance y el suicidio. Mar que se sacude continúo frente a quien lo observa, pequeño punto de carne y sangre humana, que busca el sosiego o las respuestas rendido frente a él. Que es la eternidad? Preguntaba el joven Rimbaud, “es el mar, mezclado con el sol”.

Para quienes crecimos y nos criamos frente al mar y la playa esa fascinación, la atracción mágica que ejerce es parte de nuestra experiencia vital. Nuestros sentidos están curtidos en el recuerdo por la sal pegada a la piel, la arena pegada en los cuerpos desnudos, el sol pleno brindándonos calor, la envidia del nadador que sueña con la suerte del delfín. En muchos casos somos peces fuera del elemento natural que nos nutre, pescados para ser precisos por el cemento y la civilización, pescados rabiosos.

Recuerdo los días de verano en las playas atestadas de Mar del Plata, donde la gente se busca entre si en una inmensa marea humana que llega por un instante a acallar el rugido profundo de las aguas. Recuerdo como nadar en el agua, desafiar a las olas, era la razón más importante para desear el verano. Más allá del turismo, que para todo niño que vive en una ciudad balnearia es invasivo y arrogante, es quien ocupa nuestro espacio sin dejarnos disfrutar tranquilamente de las olas y el sol obligándonos al bullicio y a servir al visitante. El arte de barrenar entre la gente, de golpear a la señora que se interpone insolente en nuestro camino de instrumentos empujados por la fuerza del oleaje hacia la costa.

Nuestra idea de felicidad y libertad es desnudos en arenas blancas frente al mar, descalzos con el salitre mojando los pies, contemplando la vida hacia un horizonte sin fin, pletórico de aventuras, historias, amores, que buscaremos allá en otros lados, lejos de este mar presente, en otro mar distante donde anidan las esperanzas. Nuestros juegos de la niñez, los romances de la primera juventud, el beso en la costa contemplando un amanecer, el sexo rasposo en la arena, unos baños desnudos en playas solitarias y bajo las estrellas.

Mar fuente del sonido y la furia, de las tempestades, de tormentas electrizantes que hiptonizan. Mar de los pescadores bravos y fuertes, de piel y manos curtidas por el duro trabajo. Mar de los suicidas. Mar moco verde, la eternidad, mezclada con el sol.