maldición de todos los malditos
los antiguos dolores de amor
en una tarde fría de sol.
deseo que tu mundo pequeño de cucarachas
perezca en su patético sueño de sobrevivir
a la guerra nuclear.
PD: metete tu cariño en el culo.
miércoles, 28 de abril de 2010
La sonrisa de mamá
El coronel pensó en escribirle a su madre, explicándole la decisión: “Madre: quiero que tu nombre ingrese en la puerta ancha de la historia. Que nuestra gran Nación lo identifique con la victoria. Que el enemigo tiemble y reverencie cuando sea pronunciado”. El hombre se detiene. Observa la prolijidad de la letra, la armonia del trazo. Piensa en los almuerzos de maíz y pollo fríto. Piensa en el sol de casa. Retoma la escritura: “Ese será mi regalo para tanto sacrifico que hizo de mi un hombre que sirve a su patria gracias al amor de su madre. Este avión que surcara los cielos de Japón y marcara su vida para siempre será recordado como Enola Gay”. Mientras pensaba como seguir estas líneas, Paul Tibbets, cansado se tiro a dormir un poco antes de partir hacia su misión.
Durante la siesta el hombre sueña con Quince, Illinois, una pelea de chicos blancos y negros. El coronel Paul Tibbets Jr despertó en medio de la trifulca, se contemplo frente a un espejo y arreglo su uniforme antes de salir a la pista. Camino hasta la trompa del B-29 que iba a pilotear y recorrió con la mirada aquel gigante metálico que iba a hacer posible la victoria americana. Escogió el lugar más visible. Tomo una escalerilla, el pincel, pintura negra y con mano firme garabateo, justo debajo de la escotilla del piloto, el nombre de su madre, Enola Gay. Sonrió recordando la sonrisa de mamá Enola viendo escrito su nombre en aquella gigantesca trompa, sintió orgullo de hijo y por un instante se emociono.
……………………………….
La estadía en la isla de Tinian llegaba a su fin, hacia ya un tiempo que el USS Indianápolis había dejado la carga en la base, bautizada en una noche de whisky como Little Boy. La hora de la operación se acercaba y el nerviosismo general se hacia evidente. Paul se destacaba del resto por estar tranquilo y firme. Necesitaba de aquella frialdad para llevar a buen puerto su tarea. El nombre de su madre en la trompa del avión no solo le despertaba orgullo, sino que lo hacia sentir responsable por el éxito de la misión, no podía permitirse el fracaso.
No solo se trataba de dejar bien parado el nombre de su madre, el coronel Tibbets, era un buen patriota y sabia que la orden provenía directamente del presidente Harry Truman, aquel hijo de granjeros de Missouri, que había reemplazado a Roosveelt. Paul quizás no sabia que, días antes, durante la conferencia de Potsdam, el 17 de julio habían susurrado al oído del granjero Harry -el bebe nació satisfactoriamente; y una sonrisa bien americana, soberbia y sobradora dibujo el rostro del presidente frente a las propias narices de Stalin, quien estaba ajeno a aquella escena.
………………………………………………….
Tibbets miro a su tripulación y les dijo -señores llego la hora de la victoria. Dejen todo sentimiento de lado. Dios bendiga a los EEUU. Allí estaban alineados los 14 hombres llamados a golpear decisivamente a Japón y al maldito Hirohito. La tripulación saludo marcial y aquel día de agosto ingresaron al interior del Enola Gay, en cuyo vientre se encontraba Little Boy, y Tibbets bromeo, -madre que bien preñada estas. Caballeros bienvenidos al vientre de mi madre; y una sonora carcajada retumbo en aquella caja metálica. El coronel encendió los motores bajo la atenta mirada de su copiloto el capitán Lewis y el avión comenzó su despegue. Eran las 2:15.
Cerca de las 8:00hs Tibbets recibió un mensaje del comandante Eatherly que piloteaba el Straigth Flush avisándole que había un claro entre las nubes que cubrían Hiroshima por donde se podía arrojar la carga. El coronel respiro profundo, miro la trompa del avión y ordeno comunicarse con Tinian donde informo la clave - “Primario”. Enseguida hablo a la tripulación -Es Hiroshima dijo secamente. Todos se concentraron. Ordeno a la tripulación colocarse las gafas oscuras Polaroid. A los lejos se visualizaba un puente y el rió Ota, allí estaba el objetivo. Tibbets tripulo con firmeza aquel vuelo a contraviento y susurro –madre no me falles. 8:10 ordeno abrir las compuertas, 5 minutos después, 8:15 de aquel 6 de agosto dejo caer a Litlle Boy, desde 9460 metros de altura, sobre Hiroshima. Tibbets viro el avión a 150º para huir de la explosión. Un gran hongo ascendente, una gran bola de fuego se percibía desde el aire y dejo a la tripulación muda. Era el fuego del mismísimo infierno levantándose hasta las puertas del cielo. Una luz cegadora cubrió la cabina y el coronel junto al copiloto Lewis se aferraron al mando del avión. Tibbets le dijo a su acompañante –Dios mío, mira como sube esa hija de puta. El capitán Robert Lewis exclamo -¡Guau, menudo pepinazo! (más tarde en el diario de viaje que él llevaba, Lewis escribió -Dios mío. ¿Qué hemos hecho?) El resto de la tripulación parecía atrapada por la visión hipnótica de esa gigantesca bola de fuego que arrasaba la ciudad. El ametralladorista de cola el sargento Bob Caron no pudo salir de su asombro cuando grito -Es como mirar el infierno. El tripulante Theodore Van Kirk y el artillero Morris Jepsson estaban helados. Centenares de miles de vidas humanas se esfumaron en unos pocos minutos de dolor intenso.
Cuando regresaron a las Islas Marianas, los tripulantes no pronunciaron palabras. Fueron informados del éxito total de la operación. La ciudad de Hiroshima había sido arrasada, tiempo después supieron lo que intuían, que aquel infierno había dejado miles 150.000 muertos. Tibbets pidió ir a dormir la siesta y pollo frito y maíz para la cena. Mientras tanto en Quincy, Illinois, mamá Enola pensó en su hijo cruzando el cielo de Japón, con un avión que la enaltecía. Se sintió una madre orgullosa, su hijo era el artífice de la victoria, sin pensar por un segundo en el costo de la misma.
Durante la siesta el hombre sueña con Quince, Illinois, una pelea de chicos blancos y negros. El coronel Paul Tibbets Jr despertó en medio de la trifulca, se contemplo frente a un espejo y arreglo su uniforme antes de salir a la pista. Camino hasta la trompa del B-29 que iba a pilotear y recorrió con la mirada aquel gigante metálico que iba a hacer posible la victoria americana. Escogió el lugar más visible. Tomo una escalerilla, el pincel, pintura negra y con mano firme garabateo, justo debajo de la escotilla del piloto, el nombre de su madre, Enola Gay. Sonrió recordando la sonrisa de mamá Enola viendo escrito su nombre en aquella gigantesca trompa, sintió orgullo de hijo y por un instante se emociono.
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La estadía en la isla de Tinian llegaba a su fin, hacia ya un tiempo que el USS Indianápolis había dejado la carga en la base, bautizada en una noche de whisky como Little Boy. La hora de la operación se acercaba y el nerviosismo general se hacia evidente. Paul se destacaba del resto por estar tranquilo y firme. Necesitaba de aquella frialdad para llevar a buen puerto su tarea. El nombre de su madre en la trompa del avión no solo le despertaba orgullo, sino que lo hacia sentir responsable por el éxito de la misión, no podía permitirse el fracaso.
No solo se trataba de dejar bien parado el nombre de su madre, el coronel Tibbets, era un buen patriota y sabia que la orden provenía directamente del presidente Harry Truman, aquel hijo de granjeros de Missouri, que había reemplazado a Roosveelt. Paul quizás no sabia que, días antes, durante la conferencia de Potsdam, el 17 de julio habían susurrado al oído del granjero Harry -el bebe nació satisfactoriamente; y una sonrisa bien americana, soberbia y sobradora dibujo el rostro del presidente frente a las propias narices de Stalin, quien estaba ajeno a aquella escena.
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Tibbets miro a su tripulación y les dijo -señores llego la hora de la victoria. Dejen todo sentimiento de lado. Dios bendiga a los EEUU. Allí estaban alineados los 14 hombres llamados a golpear decisivamente a Japón y al maldito Hirohito. La tripulación saludo marcial y aquel día de agosto ingresaron al interior del Enola Gay, en cuyo vientre se encontraba Little Boy, y Tibbets bromeo, -madre que bien preñada estas. Caballeros bienvenidos al vientre de mi madre; y una sonora carcajada retumbo en aquella caja metálica. El coronel encendió los motores bajo la atenta mirada de su copiloto el capitán Lewis y el avión comenzó su despegue. Eran las 2:15.
Cerca de las 8:00hs Tibbets recibió un mensaje del comandante Eatherly que piloteaba el Straigth Flush avisándole que había un claro entre las nubes que cubrían Hiroshima por donde se podía arrojar la carga. El coronel respiro profundo, miro la trompa del avión y ordeno comunicarse con Tinian donde informo la clave - “Primario”. Enseguida hablo a la tripulación -Es Hiroshima dijo secamente. Todos se concentraron. Ordeno a la tripulación colocarse las gafas oscuras Polaroid. A los lejos se visualizaba un puente y el rió Ota, allí estaba el objetivo. Tibbets tripulo con firmeza aquel vuelo a contraviento y susurro –madre no me falles. 8:10 ordeno abrir las compuertas, 5 minutos después, 8:15 de aquel 6 de agosto dejo caer a Litlle Boy, desde 9460 metros de altura, sobre Hiroshima. Tibbets viro el avión a 150º para huir de la explosión. Un gran hongo ascendente, una gran bola de fuego se percibía desde el aire y dejo a la tripulación muda. Era el fuego del mismísimo infierno levantándose hasta las puertas del cielo. Una luz cegadora cubrió la cabina y el coronel junto al copiloto Lewis se aferraron al mando del avión. Tibbets le dijo a su acompañante –Dios mío, mira como sube esa hija de puta. El capitán Robert Lewis exclamo -¡Guau, menudo pepinazo! (más tarde en el diario de viaje que él llevaba, Lewis escribió -Dios mío. ¿Qué hemos hecho?) El resto de la tripulación parecía atrapada por la visión hipnótica de esa gigantesca bola de fuego que arrasaba la ciudad. El ametralladorista de cola el sargento Bob Caron no pudo salir de su asombro cuando grito -Es como mirar el infierno. El tripulante Theodore Van Kirk y el artillero Morris Jepsson estaban helados. Centenares de miles de vidas humanas se esfumaron en unos pocos minutos de dolor intenso.
Cuando regresaron a las Islas Marianas, los tripulantes no pronunciaron palabras. Fueron informados del éxito total de la operación. La ciudad de Hiroshima había sido arrasada, tiempo después supieron lo que intuían, que aquel infierno había dejado miles 150.000 muertos. Tibbets pidió ir a dormir la siesta y pollo frito y maíz para la cena. Mientras tanto en Quincy, Illinois, mamá Enola pensó en su hijo cruzando el cielo de Japón, con un avión que la enaltecía. Se sintió una madre orgullosa, su hijo era el artífice de la victoria, sin pensar por un segundo en el costo de la misma.
martes, 27 de abril de 2010
Una cocina proletaria
“Allí había una cocina amiga donde tomar unos mates y un sitio seguro donde poder aguantarse si era necesario. ¡Las cocinas que hemos conocido!. En esos años, los que más, los que menos, ya tenían su casita y su cocina hospitalaria, abrigada en invierno y fresca en verano. Cocinas alegres, limpitas, con su heladera en un rincón, la mesa con el hule, las sillas acogedoras, carne para el asadito en el fondo. No se hacer poemas, pero sugiero ese pequeño homenaje que todavía no se ha rendido a las cocinas humildes, de nuestras barriadas, que fueron verdaderos fortines del Movimiento Peronista (...)”
Cesar Marcos, dirigente de la resistencia peronista.
Con Pedro y Federico nos encontramos en la cocina de doña Teresa, comiendo un guiso de arroz y carne con un poco de vino tinto. Doña Teresa es la madre de Luis, un compañero de la metalúrgica que nos presto el lugar para la reunión. Ella habla mientras comemos, putea a los milicos y los oligarcas, dice que confía en que Perón va a volver. Luis no esta. Fue a acompañar al Gordo para que saliera seguro. El Gordo es el premio mayor de los milicos y es nuestra responsabilidad que nadie lo toque. Doña Teresa le saca cuero, -como fumaba el Gordo ese, menos mal que no se quedo a comer. Es cierto en dos horas de reunión se habrá prendido como 10 cigarrillos. Era una maquina de echar humo, mientras hablaba de las directivas del General, golpear y desgastar a la dictadura. Y nos decía que teníamos que preparar un plan insurreccional porque a la oligarquía había que vencerla a los tiros. Discutimos la situación de los compañeros en las fábricas y en los barrios y el Gordo entre cigarrillo y cigarrillo no nos paraba de hablar y entre mate y mate discutíamos como traerlo de vuelta al General.
Estaban ahí, en la mesa de doña Teresa, tomando un vaso de vino tinto, con la cabeza procesando las palabras del Gordo, pensando en los compañeros, en como ir a la huelga, en los burócratas que los pueden cagar. Le digo a Doña Teresa –que bueno su guiso, puedo repetir. –Desde luego muchacho y me sirve un humeante plato de guiso con mucha carne. En un momento de la discusión con el Gordo la cosa se puso fea. Fue cuando Luis le dijo que porque teníamos que confiar en el Viejo si después de todo era un milico y como siempre los milicos a la larga nos cagan. ¿Acaso, Gordo, no prefirió huir en una cañonera antes de darnos armas para defender a su gobierno? El Gordo monto en cólera. Que como podemos decir eso de Perón. Que lo traicionaron los militares y no tuvo tiempo ni lucidez para reaccionar. Y de última lo que Perón quiera no importa si lo traemos nosotros armas en mano. La nueva republica va a ser sin burgueses, eso dalo por hecho, nos dijo el Gordo. Terminamos de comer y Luis regresa. –Todo bien. Lo sacamos sin problema. La charla sigue un rato más. Discutimos como volver a la fabrica, esta difícil. Discutimos charlar con los troskos de Moreno, que tienen laburo adentro.
Es una cocina proletaria de 1956 en una barriada cualquiera del Gran Buenos Aires, una noche fría de otoño. Es territorio liberado. Un corazón tierno y calido de caldos y guisos. El refugio más preciado de la resistencia peronista.
Cesar Marcos, dirigente de la resistencia peronista.
Con Pedro y Federico nos encontramos en la cocina de doña Teresa, comiendo un guiso de arroz y carne con un poco de vino tinto. Doña Teresa es la madre de Luis, un compañero de la metalúrgica que nos presto el lugar para la reunión. Ella habla mientras comemos, putea a los milicos y los oligarcas, dice que confía en que Perón va a volver. Luis no esta. Fue a acompañar al Gordo para que saliera seguro. El Gordo es el premio mayor de los milicos y es nuestra responsabilidad que nadie lo toque. Doña Teresa le saca cuero, -como fumaba el Gordo ese, menos mal que no se quedo a comer. Es cierto en dos horas de reunión se habrá prendido como 10 cigarrillos. Era una maquina de echar humo, mientras hablaba de las directivas del General, golpear y desgastar a la dictadura. Y nos decía que teníamos que preparar un plan insurreccional porque a la oligarquía había que vencerla a los tiros. Discutimos la situación de los compañeros en las fábricas y en los barrios y el Gordo entre cigarrillo y cigarrillo no nos paraba de hablar y entre mate y mate discutíamos como traerlo de vuelta al General.
Estaban ahí, en la mesa de doña Teresa, tomando un vaso de vino tinto, con la cabeza procesando las palabras del Gordo, pensando en los compañeros, en como ir a la huelga, en los burócratas que los pueden cagar. Le digo a Doña Teresa –que bueno su guiso, puedo repetir. –Desde luego muchacho y me sirve un humeante plato de guiso con mucha carne. En un momento de la discusión con el Gordo la cosa se puso fea. Fue cuando Luis le dijo que porque teníamos que confiar en el Viejo si después de todo era un milico y como siempre los milicos a la larga nos cagan. ¿Acaso, Gordo, no prefirió huir en una cañonera antes de darnos armas para defender a su gobierno? El Gordo monto en cólera. Que como podemos decir eso de Perón. Que lo traicionaron los militares y no tuvo tiempo ni lucidez para reaccionar. Y de última lo que Perón quiera no importa si lo traemos nosotros armas en mano. La nueva republica va a ser sin burgueses, eso dalo por hecho, nos dijo el Gordo. Terminamos de comer y Luis regresa. –Todo bien. Lo sacamos sin problema. La charla sigue un rato más. Discutimos como volver a la fabrica, esta difícil. Discutimos charlar con los troskos de Moreno, que tienen laburo adentro.
Es una cocina proletaria de 1956 en una barriada cualquiera del Gran Buenos Aires, una noche fría de otoño. Es territorio liberado. Un corazón tierno y calido de caldos y guisos. El refugio más preciado de la resistencia peronista.
lunes, 26 de abril de 2010
España rota ( a proposito del juez Garzón)
El ejercito del Ebro, rumba la rumba
no cantes eso,
que no puta,
que España ha sufrido demasiado.
que joder con la republica y las autodeterminaciones
si para demócrata tenemos al rey Juan Carlos,
cierto se educo con Franco
y la monarquía es la herencia de la Falange y los Carlistas,
pero que bien luce en uniforme
nuestro monarca
y que linda pareja hacen
en las revistas del corazón
el Felipe y la Leticia.
hay que dejarse de echar hostias
sobre el pasado,
que importa que fue de la suerte
de los seguidores de Durruti, Largo Caballero y los rojillos,
lo que importa es la santa unidad de España
que supo tener su gloria
en las épocas de colonia.
y el juez Garzón
es un revuelve mierdas,
nos presto un gran servicio contra la ETA,
pero ahora…
que importa quien fusilo a Federico,
si no era más que un mariquita.
concentrémonos en los vascos
y en limpiar a España de moros y negros,
en eso el PSOE, el PP y la IU
estamos de acuerdo,
para algo hicimos el Pacto de la Moncloa,
para dejar sin macula
a nuestra Santa Inquisición.
no cantes eso,
que no puta,
que España ha sufrido demasiado.
que joder con la republica y las autodeterminaciones
si para demócrata tenemos al rey Juan Carlos,
cierto se educo con Franco
y la monarquía es la herencia de la Falange y los Carlistas,
pero que bien luce en uniforme
nuestro monarca
y que linda pareja hacen
en las revistas del corazón
el Felipe y la Leticia.
hay que dejarse de echar hostias
sobre el pasado,
que importa que fue de la suerte
de los seguidores de Durruti, Largo Caballero y los rojillos,
lo que importa es la santa unidad de España
que supo tener su gloria
en las épocas de colonia.
y el juez Garzón
es un revuelve mierdas,
nos presto un gran servicio contra la ETA,
pero ahora…
que importa quien fusilo a Federico,
si no era más que un mariquita.
concentrémonos en los vascos
y en limpiar a España de moros y negros,
en eso el PSOE, el PP y la IU
estamos de acuerdo,
para algo hicimos el Pacto de la Moncloa,
para dejar sin macula
a nuestra Santa Inquisición.
domingo, 25 de abril de 2010
Una resaca de palabras
Frente al frío tengo por única compañía
la tristeza,
solo unas cuantas monedas en el bolsillo
que no alcanzan
para comprar un vino
o cocaína
para darle al espíritu una chispa
que encienda la pradera
del deseo.
pero no alcanza.
un montón de pesadas frazadas
unas canciones repetidas
que suenan en la radio
antiguos besos de amor y despedidas,
ni tan siquiera crédito en el celular
para enviarle un mensaje
a un romance tan frío
como la muerte.
el domingo es gris
y el sauce de mi ventana esta pelado
miro el retrato de Frida Kahlo
mientras tomo una taza de té caliente.
no soy Diego Rivera
no soy Trotsky
no soy Chavela Vargas
cantando a su oído una mañanita.
no soy tus pies ausentes Frida
ni tus alas de cera,
no soy el sol derribando a Ícaro.
soy un sueño trunco
que se activa con el caos.
solo tengo una tuca
para animarme un poco
y una resaca de palabras
que se pretenden poema.
la tristeza,
solo unas cuantas monedas en el bolsillo
que no alcanzan
para comprar un vino
o cocaína
para darle al espíritu una chispa
que encienda la pradera
del deseo.
pero no alcanza.
un montón de pesadas frazadas
unas canciones repetidas
que suenan en la radio
antiguos besos de amor y despedidas,
ni tan siquiera crédito en el celular
para enviarle un mensaje
a un romance tan frío
como la muerte.
el domingo es gris
y el sauce de mi ventana esta pelado
miro el retrato de Frida Kahlo
mientras tomo una taza de té caliente.
no soy Diego Rivera
no soy Trotsky
no soy Chavela Vargas
cantando a su oído una mañanita.
no soy tus pies ausentes Frida
ni tus alas de cera,
no soy el sol derribando a Ícaro.
soy un sueño trunco
que se activa con el caos.
solo tengo una tuca
para animarme un poco
y una resaca de palabras
que se pretenden poema.
viernes, 23 de abril de 2010
Rosa, rococó y rosado
La moral de los muertos
escupe su baba
sobre la mortaja
de la ética,
pequeño
reloj pulsera
de las peluquerías
y los estudios contables.
sobre la estampa
de la noche fría
los ojos llorosos de una boca
con hambre,
las tetas deseantes
de una boca con botox,
mientras la cena de los
ilustres
ilustra
sobre la gloria.
por debajo de la mesa,
entre las manos inquietas
de los pervertidos,
una maquila
silenciosa
fabrica el dinero
y las cosas,
filas y filas humanas
en constante agonía.
la moral embriagada
vuelca ciertas noches
vomitando sus palabras
sobre un decorado
rosa, rococó y rosado.
escupe su baba
sobre la mortaja
de la ética,
pequeño
reloj pulsera
de las peluquerías
y los estudios contables.
sobre la estampa
de la noche fría
los ojos llorosos de una boca
con hambre,
las tetas deseantes
de una boca con botox,
mientras la cena de los
ilustres
ilustra
sobre la gloria.
por debajo de la mesa,
entre las manos inquietas
de los pervertidos,
una maquila
silenciosa
fabrica el dinero
y las cosas,
filas y filas humanas
en constante agonía.
la moral embriagada
vuelca ciertas noches
vomitando sus palabras
sobre un decorado
rosa, rococó y rosado.
Haikus tres
La mariposa roja
en la pelvis morena
la lengua goza.
Sin preservativo,
así solo en el culito
dame veneno.
Soy un labio
devorando tu pija
soy solo carne.
en la pelvis morena
la lengua goza.
Sin preservativo,
así solo en el culito
dame veneno.
Soy un labio
devorando tu pija
soy solo carne.
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